- Acabo de llamar a la policía, no tardarán en venir - me dijo él, saliendo de una de las puertas que tenía la caseta, con una taza humeante en la mano -.
- ¿Cómo sabías que yo estaba ahí, y que me estaban haciendo...
- Bebe esto - me interrumpió - es tila. Te oí llamando a Jose.
- Gracias.
No dije nada más, estaba demasiado afectada como para tener una conversación normal, sabía que aquello me marcaría de por vida. No le desearía vivir aquella experiencia a nadie. En el fondo, después de tener tanto miedo en el cuerpo, me sentía afortunada de que él hubiese venido a rescatarme. Cada día, en los telediarios, se ve, como violan a mujeres y a niñas. Sí, definitivamente, yo había tenido suerte. Eso me hacía, sentirme mejor dentro de lo que cabe.
- Creía que te habías ido.
Antes de que le diese tiempo a responder, llamaron a la puerta. Era la policía. Se nos presentaron, me hicieron asomarme por la ventana para confirmar que el hombre que estaba detenido era el agresor. Así era, esa cara no se me olvidaría en la vida. Él, le explicó, que su trabajo también le obliga ha saber técnicas de defensa, ya que, en algunos turnos, hace más de vigilante del terreno porque no suele ir a bañarse gente por la noche a esa playa, que está bastante escondida. Y que, el golpe que le dio, fue solo para dejarle inconsciente, que no le hizo daño. Y yo, después de explicarles qué hacía allí, y como él se acercó... No tuve la fuerza suficiente como para seguir, como para describirle como me arrancó el vestido, como me besaba... Y rompí a llorar, pidiendo por favor que me dejasen callar.
- Señor agente - dijo él - mire como está, creo que será mejor que se reunan mañana, cuando ella esté más calmada.
- Lo siento - contestó - el protocolo nos obliga a hacerlo en el mismo instante.
- Ya le he contado como los encontré, no fue más allá, creo que no hay mucho más.
El policía se quedó mirando pensativo a su compañero, y, después de pedirme los datos de mis padres para informarlos, se fueron.
Él me trajo otra tila, y yo, conseguí tranquilizarme.
- Gracias de nuevo.
- Clara, no me las des, es mi trabajo y aparte... No sé explicarte.
- ¿Te acuerdas de mi nombre? - dije con una sonrisa débil - Yo no sé el tuyo.
- ¿Cómo que no? Me llamo Alejandro - dijo sonriéndome aún más.
Y aquél nombre, que de toda la vida, me había parecido el más aburrido del mundo, de repente, se convirtió en mi cabeza el más bonito de todo, él más dulce, el más elegante. Por fin había pasado de ser ''el'', a llamarse Alejandro. Cuando me lo dijo, sonriendo, me miró, me miró como nunca. Pero mi mente se bloqueó, pensando en lo que acababa de vivir con aquel desgraciado. Y mi semblante se volvió serio.
Mis madre no tardó ni 5 minutos en llegar a por mí, y mi padre no mucho más en llamarme para preguntarme. Los dos, ella en persona, y él por teléfono, le dieron las gracias a Alejandro por haberme evitado lo que se sabía que iba a suceder. Me fui. En el coche, no me podía quitar aquella imagen, de ese sucio hombre, mirándome ansioso, las lágrimas bañaban mi cara. Al llegar a casa, y meterme en la cama, me vino a la cabeza otra vez, Alejandro. Y me sobresalté. ¡No me ha dicho que hacía ahí! ¿Estaría sustituyendo a alguien? ¿Lo volvería a ver?
lunes, 30 de abril de 2012
Capítulo 16. Miedo.
Me despierto a la mañana siguiente, con las palabras de Jenni en mi mente. Y, aunque me cueste reconocerlo, con sentimiento de culpa, quizás hubiese sido mejor hablarlo, sí, pero esta vez más seriamente, de verdad, que viese en mis ojos el dolor. Decido llamarla por teléfono, ya que no me atrevo mirarla a la cara. Lo que me empuja a hacerlo son los recuerdos que tengo con ella desde pequeña, las sonrisas, sus buenos consejos, y que, ni un chico, ni dos, ni tres, ni todos los del mundo, pueden hacer que dos amigas se distancien, y muchísimo menos, lo que yo le hice. Me siento avergonzada, y mucho. Marco su móvil.
- ¿Si? - me responde -.
- Jenni, soy Clara.
- Lo sé, dime.
- No sé como decirte esto. No me interrumpas ¿vale?
- De acuerdo - hablaba en un tono secante, no enfadado, pero serio -.
- Lo de ayer... No sé por qué coño te lo hice, estaba cegada por la rabia, de que siempre tú... Bueno ya sabes, ya hemos hablado de esto. Y quería decirte que, me arrepiento muchísimo, he estado pensando, y mi madre lleva razón, tal vez, con hablarlo, me hubiese quedado tranquila, y que... perdón.
- Clara, tu sabes como soy con los chicos de... No tengo descripción, y si es verdad que siempre te los he quitado a todos, pero también es verdad que no puedo perdonarte, porque no tienes porqué pedirme perdón. Sé que me lo busqué yo sola.
- Gracias de verdad, te quiero mucho.
- Y yo, por cierto ¿Se lo has contado a tu madre?¿Lo del vigilante?
- Si - digo riendo - pero disfrazando la verdad, le he dicho que lo conocimos en un parque y que tendrá unos dieciséis años.
- ¡No jodas!
Y así nos pasamos la tarde, riendo, como si nada hubiese pasado. Pero en el fondo, un eco de dolor invadía mi ser. Algo que me imploraba culpabilidad por haberle contestado así a él. Al sin nombre. Al motivo por el que le partí el brazo a Jenni.
Mucho más tarde, cuando la luna empezaba a salir, dejando atrás el sol, me dio un deseo repentino de salir, de playa. De Playa Azul. No sé que ponerme, hace calor, es plena primavera. Me pongo mi bikini blanco, y el vestido playero, sí, el del sueño, y sonrío con aquel pensamiento. Fue tan real... Voy distraída la media hora de camino escuchando música de mi mp3. Llego. Hace demasiado oleaje, la marea está alta. Me siento en la arena, bastante retirada de la caseta de los vigilantes, por si acaso está Jose, no quiero que me moleste nadie. Abro mi libro, y empiezo a leer '' A tres metros sobre el cielo '' de Moccia.
Se acerca alguien, y se sienta a mi lado, le miro, no le conozco. Me incomoda el echo de que un desconocido me esté mirando así. Decido levantarme e irme, la situación no me está gustando nada, siento miedo.
- Has elegido un buen sitio para leer, aquí detrás de las rocas, escondida - me dice el desconocido levantándose y caminando detrás de mí.
- Si, pero se ha echo de noche, la luz de la luna, por muy bonita que sea, no permite seguir - digo sin darme la vuelta, y andando aún más deprisa.
- Para - me dice cogiéndome por detrás - eres preciosa - dice mirándome a la cara.
- Suéltame.
- ¡Uy! La gatita saca su genio.
En ese momento, intenté escapar de sus brazos y salir corriendo. Lo hice, pero me alcanzó. ¡Jose! ¡Ayuda! Grité antes de que me tapase la boca. Mientras me cogía con fuerza la boca, me arrancó el vestido rompiéndolo, y lo usó de mordaza. En ese momento comprendí que esto ya no era broma, como lo fue en su día con Jose, y, ese vestido blanco, que tan buenos recuerdos me traía, se convirtió en mi pesadilla, en mi enemigo, en el objeto que hacía que yo no pudiese salvarme. Me apoyó contra el tronco de una palmera. Empezó a besuquear me, mientras, el miedo que sentía, el terror, solo me dejaba hacer una cosa: llorar.
Estaba con los ojos cerrados, no quería ver lo que ese desgraciado iba a hacer de mí. En ese momento escuché un golpe fuerte. Y lo vi a él, a mi héroe, al vigilante que tanto me gustaba, con algo en la mano, con un palo ancho de madera en sus manos, y miando al suelo, donde estaba tirado el hijo de puta que iba a hacerme eso. Se acercó rápidamente a mi, me quitó el vestido de la boca, y lo usó como sábana para cubrir mi cuerpo semi desnudo. En ese momento, me derrumbé aún más, no paraba de llorar mientras él, me ayudaba a caminar, nos dirigíamos a la caseta. No sé exactamente por lo que lloraba, fue un cúmulo de cosas. El miedo que había pasado hace unos minutos, la impotencia de no poder avisar a nadie, el asco que me daba, la alegría que sentí al ver al socorrista, una alegría mezclada, más por el echo de salvarme que por haberlo visto, y luego, porque sí, porque no entendía, qué hacía él aquí, se suponía que se había ido.
- ¿Si? - me responde -.
- Jenni, soy Clara.
- Lo sé, dime.
- No sé como decirte esto. No me interrumpas ¿vale?
- De acuerdo - hablaba en un tono secante, no enfadado, pero serio -.
- Lo de ayer... No sé por qué coño te lo hice, estaba cegada por la rabia, de que siempre tú... Bueno ya sabes, ya hemos hablado de esto. Y quería decirte que, me arrepiento muchísimo, he estado pensando, y mi madre lleva razón, tal vez, con hablarlo, me hubiese quedado tranquila, y que... perdón.
- Clara, tu sabes como soy con los chicos de... No tengo descripción, y si es verdad que siempre te los he quitado a todos, pero también es verdad que no puedo perdonarte, porque no tienes porqué pedirme perdón. Sé que me lo busqué yo sola.
- Gracias de verdad, te quiero mucho.
- Y yo, por cierto ¿Se lo has contado a tu madre?¿Lo del vigilante?
- Si - digo riendo - pero disfrazando la verdad, le he dicho que lo conocimos en un parque y que tendrá unos dieciséis años.
- ¡No jodas!
Y así nos pasamos la tarde, riendo, como si nada hubiese pasado. Pero en el fondo, un eco de dolor invadía mi ser. Algo que me imploraba culpabilidad por haberle contestado así a él. Al sin nombre. Al motivo por el que le partí el brazo a Jenni.
Mucho más tarde, cuando la luna empezaba a salir, dejando atrás el sol, me dio un deseo repentino de salir, de playa. De Playa Azul. No sé que ponerme, hace calor, es plena primavera. Me pongo mi bikini blanco, y el vestido playero, sí, el del sueño, y sonrío con aquel pensamiento. Fue tan real... Voy distraída la media hora de camino escuchando música de mi mp3. Llego. Hace demasiado oleaje, la marea está alta. Me siento en la arena, bastante retirada de la caseta de los vigilantes, por si acaso está Jose, no quiero que me moleste nadie. Abro mi libro, y empiezo a leer '' A tres metros sobre el cielo '' de Moccia.
Se acerca alguien, y se sienta a mi lado, le miro, no le conozco. Me incomoda el echo de que un desconocido me esté mirando así. Decido levantarme e irme, la situación no me está gustando nada, siento miedo.
- Has elegido un buen sitio para leer, aquí detrás de las rocas, escondida - me dice el desconocido levantándose y caminando detrás de mí.
- Si, pero se ha echo de noche, la luz de la luna, por muy bonita que sea, no permite seguir - digo sin darme la vuelta, y andando aún más deprisa.
- Para - me dice cogiéndome por detrás - eres preciosa - dice mirándome a la cara.
- Suéltame.
- ¡Uy! La gatita saca su genio.
En ese momento, intenté escapar de sus brazos y salir corriendo. Lo hice, pero me alcanzó. ¡Jose! ¡Ayuda! Grité antes de que me tapase la boca. Mientras me cogía con fuerza la boca, me arrancó el vestido rompiéndolo, y lo usó de mordaza. En ese momento comprendí que esto ya no era broma, como lo fue en su día con Jose, y, ese vestido blanco, que tan buenos recuerdos me traía, se convirtió en mi pesadilla, en mi enemigo, en el objeto que hacía que yo no pudiese salvarme. Me apoyó contra el tronco de una palmera. Empezó a besuquear me, mientras, el miedo que sentía, el terror, solo me dejaba hacer una cosa: llorar.
Estaba con los ojos cerrados, no quería ver lo que ese desgraciado iba a hacer de mí. En ese momento escuché un golpe fuerte. Y lo vi a él, a mi héroe, al vigilante que tanto me gustaba, con algo en la mano, con un palo ancho de madera en sus manos, y miando al suelo, donde estaba tirado el hijo de puta que iba a hacerme eso. Se acercó rápidamente a mi, me quitó el vestido de la boca, y lo usó como sábana para cubrir mi cuerpo semi desnudo. En ese momento, me derrumbé aún más, no paraba de llorar mientras él, me ayudaba a caminar, nos dirigíamos a la caseta. No sé exactamente por lo que lloraba, fue un cúmulo de cosas. El miedo que había pasado hace unos minutos, la impotencia de no poder avisar a nadie, el asco que me daba, la alegría que sentí al ver al socorrista, una alegría mezclada, más por el echo de salvarme que por haberlo visto, y luego, porque sí, porque no entendía, qué hacía él aquí, se suponía que se había ido.
Capítulo 15. Las no disculpas.
- Clara, mírame a la cara - me dice mi madre mirándome fijamente -.
- ¿Qué? - le digo girándome hacia ella -.
- ¿Qué es eso tan grave que me tiene que contar el director?
- Espera a que venga y te lo cuente él - digo con aires de superioridad -.
- Joder Clara, me he tenido que salir corriendo del trabajo, ¿qué coño ha pasado? No creo que sea porque has suspendido algún examen.
- Ya sabes que siempre me quedan todas.
- Por eso, a ver si es que se han equivocado.
- ¿Señora Requejo? - dice el director al entrar extendiéndole la mano a mi madre -.
- Sí.
- ¿Le ha contado ya su hija por qué la hemos llamado?
- No, sinceramente, creo que se han equivocado.
- ¡Oh no! Creame, no es ninguna confusión. Su hija, a primera hora, justo antes de entrar a clase, se ha peleado con...
- Le he pegado - interrumpo - ella no me ha tocado ni un pelo.
- Bueno sí, le ha pegado a Jennifer, y se la ha llevado la ambulancia, por un fuerte dolor en el brazo.
- ¡Dios mio! ¡Clara! ¿Qué ha pasado?
- Te lo acaba de contar el director mamá, no seas pesada.
- Como ve, está en un estado de chulería impertinente. Hemos visto adecuado expulsarla una semana del centro.
- Pero...
- Señora, no hay más que hablar, está decidido. Si bien es cierto que su hija no es una brillante alumna pero, nunca nos ha dado problemas, nos hemos quedado sorprendidos.
En el camino a casa, mi madre me va advirtiendo de que en casa, me sucederá algo horrible. Va casi llorando, diciéndome no se qué, pero no le presto atención, no sale de mi cabeza, la imagen de la cara de Jenni cuando le partía el brazo. Llegamos a casa, cierra la puerta de la calle, y se pone enfurecida, a gritarme como una loca, diciéndome que en qué coño pensaba, que yo no soy así, y yo, sin ni si quiera mirarla, me meto en mi habitación. Lloro. Pero no por Jenni, si no por haberle echo pasar a mi madre tal decepción, ella no se lo merece, pero espero que cuando, las cosas estén más calmadas, pueda hablar con ella y explicárselo todo. Me llama cuando la comida está lista, pero yo no bajo, me paso la tarde tumbada en la cama, mirando al techo, pensando. No me arrepiento, y eso en parte me asusta. De repente mi madre llama a mi puerta '' Clara, sal por favor, han venido Jennifer y su madre, vamos ha hablar''. En un principio decido no salir, pero no es el momento de ser cobardes, y decido afrontar mi problema, mis consecuencias.
Desde el pasillo puedo ver que la puerta de la cocina está abierta. Allí están, mi madre y la suya de pié, la mía avergonzada disculpándose, y Jenni, sentada en uno de los taburetes, con el brazo escayolado.
- Clara, hija, menos más que has bajado, la madre de Jennifer quiere hablar contigo.
- ¿En qué estabas pensando? ¿Por qué le has hecho esto a mi hija? ¿No se supone que sois amigas?
- Maria José - digo - lo siento por usted.
- Exigo unas disculpas.
- A usted, por hacerla pasar mal rato, pero a su hija, jamás.
- ¡Clara! - me grita mi madre - Pídele per...
- No - se pronuncia Jenni - no quiero que me pida perdón, ha sido justo, me lo he buscado yo sola.
La madre de Jenni se queda petrificada, no dice nada, la coge del brazo bueno y salen por la puerta sin decir nada. Yo me quedo a solas con mi madre, y se lo cuento todo, le cuento que fue la gota que colmó el vaso, ella intenta comprenderme, aunque me dice que mejor hubiera sido hablarlo con ella. Pero ya llevaba 5 años intentando hablar, ya no podía más.
- ¿Qué? - le digo girándome hacia ella -.
- ¿Qué es eso tan grave que me tiene que contar el director?
- Espera a que venga y te lo cuente él - digo con aires de superioridad -.
- Joder Clara, me he tenido que salir corriendo del trabajo, ¿qué coño ha pasado? No creo que sea porque has suspendido algún examen.
- Ya sabes que siempre me quedan todas.
- Por eso, a ver si es que se han equivocado.
- ¿Señora Requejo? - dice el director al entrar extendiéndole la mano a mi madre -.
- Sí.
- ¿Le ha contado ya su hija por qué la hemos llamado?
- No, sinceramente, creo que se han equivocado.
- ¡Oh no! Creame, no es ninguna confusión. Su hija, a primera hora, justo antes de entrar a clase, se ha peleado con...
- Le he pegado - interrumpo - ella no me ha tocado ni un pelo.
- Bueno sí, le ha pegado a Jennifer, y se la ha llevado la ambulancia, por un fuerte dolor en el brazo.
- ¡Dios mio! ¡Clara! ¿Qué ha pasado?
- Te lo acaba de contar el director mamá, no seas pesada.
- Como ve, está en un estado de chulería impertinente. Hemos visto adecuado expulsarla una semana del centro.
- Pero...
- Señora, no hay más que hablar, está decidido. Si bien es cierto que su hija no es una brillante alumna pero, nunca nos ha dado problemas, nos hemos quedado sorprendidos.
En el camino a casa, mi madre me va advirtiendo de que en casa, me sucederá algo horrible. Va casi llorando, diciéndome no se qué, pero no le presto atención, no sale de mi cabeza, la imagen de la cara de Jenni cuando le partía el brazo. Llegamos a casa, cierra la puerta de la calle, y se pone enfurecida, a gritarme como una loca, diciéndome que en qué coño pensaba, que yo no soy así, y yo, sin ni si quiera mirarla, me meto en mi habitación. Lloro. Pero no por Jenni, si no por haberle echo pasar a mi madre tal decepción, ella no se lo merece, pero espero que cuando, las cosas estén más calmadas, pueda hablar con ella y explicárselo todo. Me llama cuando la comida está lista, pero yo no bajo, me paso la tarde tumbada en la cama, mirando al techo, pensando. No me arrepiento, y eso en parte me asusta. De repente mi madre llama a mi puerta '' Clara, sal por favor, han venido Jennifer y su madre, vamos ha hablar''. En un principio decido no salir, pero no es el momento de ser cobardes, y decido afrontar mi problema, mis consecuencias.
Desde el pasillo puedo ver que la puerta de la cocina está abierta. Allí están, mi madre y la suya de pié, la mía avergonzada disculpándose, y Jenni, sentada en uno de los taburetes, con el brazo escayolado.
- Clara, hija, menos más que has bajado, la madre de Jennifer quiere hablar contigo.
- ¿En qué estabas pensando? ¿Por qué le has hecho esto a mi hija? ¿No se supone que sois amigas?
- Maria José - digo - lo siento por usted.
- Exigo unas disculpas.
- A usted, por hacerla pasar mal rato, pero a su hija, jamás.
- ¡Clara! - me grita mi madre - Pídele per...
- No - se pronuncia Jenni - no quiero que me pida perdón, ha sido justo, me lo he buscado yo sola.
La madre de Jenni se queda petrificada, no dice nada, la coge del brazo bueno y salen por la puerta sin decir nada. Yo me quedo a solas con mi madre, y se lo cuento todo, le cuento que fue la gota que colmó el vaso, ella intenta comprenderme, aunque me dice que mejor hubiera sido hablarlo con ella. Pero ya llevaba 5 años intentando hablar, ya no podía más.
Capítulo 14. Ira.
A
la mañana siguiente, mientras me preparaba para ir al instituto, empecé
a pensar en Jenni, en el pacto, en como me miraba de vez en cuando
aquella vez en la caseta cuando ella hablaba con él, en como me sonreía.
En sus palabras de ayer por la tarde, eran dañinas hacia mí, vale sí,
yo me había pasado un poco al no avisarla de que él estaba allí, pero,
¿ella lo hubiese hecho? Claro que no, no me hubiera dicho nada. Y mi
mente empieza a volar años atrás, cuando yo llevaba piyadísima por el
chico de 6º de primaria 3 cursos por lo menos, y ella que iba de buena
amiga, hasta que, en el recreo, buscándola, me los encontré en un rincón
del patio, dándose un beso, ella me vio y sonrió. Sí, es mala, a más no
poder. Y yo, la primera vez que la vi así, y la perdoné, aunque aquello
me matase, me doliese aquella traición mas que mil cuchillos
apuñalándome por la espalda. Y luego llegó la segunda vez que lo hizo, y
yo, no podía creer que ella fuese así. Y la tercera, y la cuarta, hasta
que un día te acostumbras, y tu cuerpo, mente, y corazón se crea un
escudo, un arma de doble filo contra ella, que hace que no te
''enamores'' de nadie más, que no te guste ningún otro chico, para no
darle el gusto a ella de sentirse superior a mí. Me quedan pocos meses
para cumplir los dieciséis, y solo he tenido un beso de amor, que
tampoco fue amor, fue algo de lo que ella me convenció, y ahora me
arrepiento, por lo mismo, porque me pillé por ese niño bastante, y ella
no tardó ni tres días en comerse la boca con él y echárselo de novio.
Salgo a la calle, y decido esta vez no llamarla para ir juntas al instituto. Por el camino, voy recordando mis pensamientos de antes, y un remolino de rabia me invade, pese a que las temperaturas son bajísimas, empiezo a sentir calor, noto como me arden los ojos, voy con el paso firme, y decido darle un escarmiento, algo que nunca he echo, algo para lo que no sirvo, pero que esta vez, no hay nadie que me eche para atrás, lo aré, y con ese último pensamiento, alzo la cabeza, y sonrío.
Entro. Me reciben las chicas como siempre, con dos besos. Belén, Lorena y Lucía, empiezan a contarme sus cosas, pero yo no estoy mentalmente con ellas, no las escucho, oigo sus voces lejanas, solo tengo en mi mente una cosa, a ella. El odio me sube cada vez mas y más a la cabeza, siento que voy a explotar si no lo hago ya. Jenni aún no ha llegado, supongo que estará esperándome. Idiota. Suena el primer timbre, nos vamos a la puerta de clase y ella todavía no aparece. La profesora llega, abre la puerta, y empiezan a entrar todos, yo quiero ser la última. Y por fin, escucho unas pisadas aceleradas a lo lejos, me doy la vuelta, y la veo, corriendo con la mochila colgada sobre un hombro y la carpeta en el brazo.
-¡Clara llego tarde por tu culpa! ¿Por qué coño no me has llamado? Te he estado esperando.
Me dice mientras se acerca, pero mi alma no puede más, y sale corriendo en su busca. Agarro su mochila con fuerza y la empujo hacia el suelo. Ella me mira con rabia y con confusión a la vez. Le quito bruscamente la carpeta y empiezo a golpearla, la cabeza, el pecho, las espaldas. La dejo que se levante, quiero que me conteste. Los chicos del instituto no han tardado en hacer corrillo a nuestro alrededor, y como de costumbre, en las peleas, consiguen hacer una barrera con ellos mismos para que los profesores tarden más en separarnos. Jenni se levanta, enfurecida, y cuando hace aban de levantarme la mano, se la cojo, y me vuelvo loca, le bajo el brazo y subo mi rodilla rápidamente y con fuerza. Ella grita y rabia de dolor, creo que le acabo de partir el brazo, se tira al suelo desconsolada. Yo no paro de oír voces de todo tipo, gente que me anima, profesores que gritan llamando a otros para que intenten separarnos, pero no sé que me pasa, y me abalanzo de nuevo contra ella tirándole del pelo. En ese momento, veo como Belén logra acercarse, y me mira, negando con la cabeza. Ella me hace reaccionar, sus ojos me dicen que la he fallado, que qué hago, y paro. En ese momento, dos profesores y la directora me cogen y me levantan. Jenni se queda en el suelo, llorando, gritando, odiándome con la mirada. La chica invisible del insti, acaba de terminar con las popular.
Salgo a la calle, y decido esta vez no llamarla para ir juntas al instituto. Por el camino, voy recordando mis pensamientos de antes, y un remolino de rabia me invade, pese a que las temperaturas son bajísimas, empiezo a sentir calor, noto como me arden los ojos, voy con el paso firme, y decido darle un escarmiento, algo que nunca he echo, algo para lo que no sirvo, pero que esta vez, no hay nadie que me eche para atrás, lo aré, y con ese último pensamiento, alzo la cabeza, y sonrío.
Entro. Me reciben las chicas como siempre, con dos besos. Belén, Lorena y Lucía, empiezan a contarme sus cosas, pero yo no estoy mentalmente con ellas, no las escucho, oigo sus voces lejanas, solo tengo en mi mente una cosa, a ella. El odio me sube cada vez mas y más a la cabeza, siento que voy a explotar si no lo hago ya. Jenni aún no ha llegado, supongo que estará esperándome. Idiota. Suena el primer timbre, nos vamos a la puerta de clase y ella todavía no aparece. La profesora llega, abre la puerta, y empiezan a entrar todos, yo quiero ser la última. Y por fin, escucho unas pisadas aceleradas a lo lejos, me doy la vuelta, y la veo, corriendo con la mochila colgada sobre un hombro y la carpeta en el brazo.
-¡Clara llego tarde por tu culpa! ¿Por qué coño no me has llamado? Te he estado esperando.
Me dice mientras se acerca, pero mi alma no puede más, y sale corriendo en su busca. Agarro su mochila con fuerza y la empujo hacia el suelo. Ella me mira con rabia y con confusión a la vez. Le quito bruscamente la carpeta y empiezo a golpearla, la cabeza, el pecho, las espaldas. La dejo que se levante, quiero que me conteste. Los chicos del instituto no han tardado en hacer corrillo a nuestro alrededor, y como de costumbre, en las peleas, consiguen hacer una barrera con ellos mismos para que los profesores tarden más en separarnos. Jenni se levanta, enfurecida, y cuando hace aban de levantarme la mano, se la cojo, y me vuelvo loca, le bajo el brazo y subo mi rodilla rápidamente y con fuerza. Ella grita y rabia de dolor, creo que le acabo de partir el brazo, se tira al suelo desconsolada. Yo no paro de oír voces de todo tipo, gente que me anima, profesores que gritan llamando a otros para que intenten separarnos, pero no sé que me pasa, y me abalanzo de nuevo contra ella tirándole del pelo. En ese momento, veo como Belén logra acercarse, y me mira, negando con la cabeza. Ella me hace reaccionar, sus ojos me dicen que la he fallado, que qué hago, y paro. En ese momento, dos profesores y la directora me cogen y me levantan. Jenni se queda en el suelo, llorando, gritando, odiándome con la mirada. La chica invisible del insti, acaba de terminar con las popular.
Capítulo 13. Comprendida.
- Claro que eres gilipollas - escucho a Jenni por detrás -.
- ¿Por?
- Lo has visto, y no me has avisado, si lo hubiera hecho yo así, sería una guarra.
- Venga Jenni, no digas eso - intenta calmar el ambiente Belén -.
- Déjala, ella es así, dice las cosas sin pensar.
- ¿Qué ha pasado? ¿Por qué te has enfadado con él?
- Jenni...
- Clara, dímelo.
- Jenni, ¿eres idiota?
- ¿Te ha preguntado por mi y te han entrado celos?
- Jenni, olvidalo ¿vale?
- No Belén, déjala, esta sacando la zorra que lleva dentro.
Jenni se me lanza, pero enseguida llega su novio a separamos. Ella se va con él, con aire de superioridad. Y yo, me quedo con Belén, ella sí sabe tranquilizarme, ella si es una buena amiga. De camino a casa, cuando ya estoy más calmada, me dice algo que me hace ver que alguien me entiende por primera vez.
- Jenni, te creo.
- ¿Qué dices Belén? ¿Qué es lo que crees?
- Lo que dices, bueno, lo dejaste de decir hace un año. Que tiene algo que...
- No me digas que tu también te estás pillando por él - bromeo -.
- Idiota claro que no, me refiero a cuando el te mira, es diferente a cuando me miraba a mí, no sé creo que hay algo.
- ¡Cáyate! - digo riendo - ese algo, si es verdad lo que has dicho, ya no está, la he cagado.
Y por la noche, en mi cama, un oleaje de sentimientos me imbade el sueño. Felicidad, por haber escuchado aquellas palabras de Belén, la primera vez que alguien me entendía, pero a la vez, no lograba comprender porqué no había sabido actuar bien, reaccionar de otra manera, definitivamente, era difícil que lo volviese a ver. Es curioso, como cuando se estaba acercando a mí, no lo reconocía, quizás porque no iba vestido de ojo y blanco, o mejor dicho, quizás porque estaba vestido.
Aquella noche me costó mucho dormir, pensando en su aroma, en su mirada, en aquellos ojos chispeantes de sentimientos, de algo profundo...
- ¿Por?
- Lo has visto, y no me has avisado, si lo hubiera hecho yo así, sería una guarra.
- Venga Jenni, no digas eso - intenta calmar el ambiente Belén -.
- Déjala, ella es así, dice las cosas sin pensar.
- ¿Qué ha pasado? ¿Por qué te has enfadado con él?
- Jenni...
- Clara, dímelo.
- Jenni, ¿eres idiota?
- ¿Te ha preguntado por mi y te han entrado celos?
- Jenni, olvidalo ¿vale?
- No Belén, déjala, esta sacando la zorra que lleva dentro.
Jenni se me lanza, pero enseguida llega su novio a separamos. Ella se va con él, con aire de superioridad. Y yo, me quedo con Belén, ella sí sabe tranquilizarme, ella si es una buena amiga. De camino a casa, cuando ya estoy más calmada, me dice algo que me hace ver que alguien me entiende por primera vez.
- Jenni, te creo.
- ¿Qué dices Belén? ¿Qué es lo que crees?
- Lo que dices, bueno, lo dejaste de decir hace un año. Que tiene algo que...
- No me digas que tu también te estás pillando por él - bromeo -.
- Idiota claro que no, me refiero a cuando el te mira, es diferente a cuando me miraba a mí, no sé creo que hay algo.
- ¡Cáyate! - digo riendo - ese algo, si es verdad lo que has dicho, ya no está, la he cagado.
Y por la noche, en mi cama, un oleaje de sentimientos me imbade el sueño. Felicidad, por haber escuchado aquellas palabras de Belén, la primera vez que alguien me entendía, pero a la vez, no lograba comprender porqué no había sabido actuar bien, reaccionar de otra manera, definitivamente, era difícil que lo volviese a ver. Es curioso, como cuando se estaba acercando a mí, no lo reconocía, quizás porque no iba vestido de ojo y blanco, o mejor dicho, quizás porque estaba vestido.
Aquella noche me costó mucho dormir, pensando en su aroma, en su mirada, en aquellos ojos chispeantes de sentimientos, de algo profundo...
Capítulo 12. Otro fin más.
- ¿No te acuerdas de mí?
Me doy vuelta y no me lo puedo creer, es él, el socorrista, el vigilante, ese hombre al que llevo más de un año sin ver, del que ya creía tener olvidado, pero no. Ahora que lo tengo enfrente me doy cuenta que no, y mi cabeza, intenta negarlo, razonar, hacerme creer lo que ya creía que sabía, que fue una tontería, pero mi alma, mi corazón, me dice que no, que esos ojos algo tienen, algo que me pertenece. Y todo esto se me pasa por la cabeza nada más verlo, en milésimas de segundo, y entiendo que esta vez no está Jenni, y que la que tiene que hablar soy yo.
- ¡Claro que si! ¿Como estás?
- Muy bien, aquí que he terminado de echar un partido.
- Me alegro de que estés bien - estaba radiante de felicidad, y no podía ocultar mi sonrisa de tonta -.
- Te veo feliz.
- Sí, parece que hoy es mi día.
- Por cierto, ¿y Jenni?
- No ha venido, se ha quedado con su novio en casa - mentí -.
- ¿Y tú? ¿No tienes novio?
- No tengo por qué contestarte.
- Sin embargo si me das información de tu amiga.
- Mira, no quiero ser borde pero, vete un poquito a la mierda.
Y me di la vuelta para irme, enfadada, pero solo me dio tiempo a dar dos pasos, el me cogió el brazo y me giró.
- ¿Puedes soltarme? Me estás haciendo daño - le dije -.
- ¿Y tu puedes dejar de ser una estúpida?
- Sueltame.
- Dile a tu amiga que nos deje solos un momento.
Me lo pensé unos segundos, cortos, pero intensos, se me pasó de todo por la cabeza, pero le miré fijamente a sus ojos, grandes, profundos, oscuros, y me decidí.
- Belén, déjanos solos un momento.
- ¿Por qué siempre eres así conmigo? - me dijo cuando mi amiga ya se había alejado -.
- Nunca hemos hablado.
- Sí, una vez en la playa, y ahora.
- En la playa no fui borde que recuerde.
- Pero nunca hablabas, siempre tenías el ceño fruncido, con cara de mosqueo.
- Cosas mías, yo sabré.
- ¿Y ahora? ¿A qué ha venido eso?
- A que das a entender cosas absurdas.
- ¿Como qué?
- No sé, todo está siempre relacionado con Jenni.
- ¿Y te molesta?
- ¡Vamos por favor! No te conozco de nada, es más, no sé que hago aquí hablando contigo, ni porqué te estoy dando explicaciones.
- Llevas razón, vete.
- ¿Perdona? ¿Me estás echando de un lugar público? - le repliqué -.
- No, te estoy echando de mi lado.
- Eres tú el que se ha acercado, eres tú el que me ha cogido el brazo para que me quedase, ¿de qué vas?
- Eres tú con la que no se puede hablar.
- No me sujetes ahora, porque te meto una hostia, vete a la mierda.
Y me di la vuelta, con la esperanza de que volviera a ocurrir. Pero no, llegué hasta el banco donde estaba sentada Belén. Y me quedé de pié, delante de ella, de espaldas a la fuente. Pensando, en como me había cogido el brazo, en como me había mirado, en todo, en por qué coño siempre utilizo de coraza, la mala leche, porqué tendré que ser tan borde, y me odio mucho. Me odio, porque en un año y pico, no me lo había logrado sacar de mí, y yo creía que sí, que después de por fin verlo, lo único que había echo había sido empeorarlo, le podría haber preguntado en qué pueblo estaba, y haber ido un fin de semana con mi madre.
- ¿Está mirando? - le pregunto a Belén -.
- No, está hablando con sus amigos otra vez.
- Soy gilipollas.
Me doy vuelta y no me lo puedo creer, es él, el socorrista, el vigilante, ese hombre al que llevo más de un año sin ver, del que ya creía tener olvidado, pero no. Ahora que lo tengo enfrente me doy cuenta que no, y mi cabeza, intenta negarlo, razonar, hacerme creer lo que ya creía que sabía, que fue una tontería, pero mi alma, mi corazón, me dice que no, que esos ojos algo tienen, algo que me pertenece. Y todo esto se me pasa por la cabeza nada más verlo, en milésimas de segundo, y entiendo que esta vez no está Jenni, y que la que tiene que hablar soy yo.
- ¡Claro que si! ¿Como estás?
- Muy bien, aquí que he terminado de echar un partido.
- Me alegro de que estés bien - estaba radiante de felicidad, y no podía ocultar mi sonrisa de tonta -.
- Te veo feliz.
- Sí, parece que hoy es mi día.
- Por cierto, ¿y Jenni?
- No ha venido, se ha quedado con su novio en casa - mentí -.
- ¿Y tú? ¿No tienes novio?
- No tengo por qué contestarte.
- Sin embargo si me das información de tu amiga.
- Mira, no quiero ser borde pero, vete un poquito a la mierda.
Y me di la vuelta para irme, enfadada, pero solo me dio tiempo a dar dos pasos, el me cogió el brazo y me giró.
- ¿Puedes soltarme? Me estás haciendo daño - le dije -.
- ¿Y tu puedes dejar de ser una estúpida?
- Sueltame.
- Dile a tu amiga que nos deje solos un momento.
Me lo pensé unos segundos, cortos, pero intensos, se me pasó de todo por la cabeza, pero le miré fijamente a sus ojos, grandes, profundos, oscuros, y me decidí.
- Belén, déjanos solos un momento.
- ¿Por qué siempre eres así conmigo? - me dijo cuando mi amiga ya se había alejado -.
- Nunca hemos hablado.
- Sí, una vez en la playa, y ahora.
- En la playa no fui borde que recuerde.
- Pero nunca hablabas, siempre tenías el ceño fruncido, con cara de mosqueo.
- Cosas mías, yo sabré.
- ¿Y ahora? ¿A qué ha venido eso?
- A que das a entender cosas absurdas.
- ¿Como qué?
- No sé, todo está siempre relacionado con Jenni.
- ¿Y te molesta?
- ¡Vamos por favor! No te conozco de nada, es más, no sé que hago aquí hablando contigo, ni porqué te estoy dando explicaciones.
- Llevas razón, vete.
- ¿Perdona? ¿Me estás echando de un lugar público? - le repliqué -.
- No, te estoy echando de mi lado.
- Eres tú el que se ha acercado, eres tú el que me ha cogido el brazo para que me quedase, ¿de qué vas?
- Eres tú con la que no se puede hablar.
- No me sujetes ahora, porque te meto una hostia, vete a la mierda.
Y me di la vuelta, con la esperanza de que volviera a ocurrir. Pero no, llegué hasta el banco donde estaba sentada Belén. Y me quedé de pié, delante de ella, de espaldas a la fuente. Pensando, en como me había cogido el brazo, en como me había mirado, en todo, en por qué coño siempre utilizo de coraza, la mala leche, porqué tendré que ser tan borde, y me odio mucho. Me odio, porque en un año y pico, no me lo había logrado sacar de mí, y yo creía que sí, que después de por fin verlo, lo único que había echo había sido empeorarlo, le podría haber preguntado en qué pueblo estaba, y haber ido un fin de semana con mi madre.
- ¿Está mirando? - le pregunto a Belén -.
- No, está hablando con sus amigos otra vez.
- Soy gilipollas.
Capítulo 11. Y el tiempo sigue.
Poco
a poco me voy mentalizando, haciendo a la idea de no volver a verlo. Y
me voy dando cuenta de lo absurdo del asunto, de que solo lo conozco de
tres días o por ahí, de la rabia y el rencor que pude llegar a cogerle a
Jenni. Y me tranquilizo sumergiéndome en la idea de que solo fue un
capricho. Que aquellas palabras de '' ni te imaginas lo que me hubiese
gustado hablar contigo '' fueron, como dijo Belén, mera tontería. Y
empiezo a olvidarlo todo, recordándolo como un simple tiempo corto en el
que viví una tontería de niña de catorce años, si, aunque me moleste
oír del resto de gente que a los catorce no se tienen sentimientos y que
es solo juegos de niñas, esta vez doy toda la razón a esas palabras.
¿Como un hombre de veintipico se iba a fijar en una niña de catorce? Y
encima con mis granos, y mis pocas tetas, por no decir ningunas, que,
aunque el físico no lo sea todo, para aquel tipo si que debía serlo.
Y pasan los días, y las semanas, y los meses. Y ese recuerdo, de aquel vigilante vestido con bañador rojo se va esfumando de mi, aunque siempre queda una espinita, pero creo que consigo sacarlo.
Y el tiempo sigue, mi vida sigue. Alba, por fin consigue que Diana deje ver a los niños a su familia, aunque esta no vuelva con su hermano, pero consiguen tener casi la misma relación de antes, incluso se siguen llamando cuñadas. Mi familia, igual, yo, loca por mi hermana Laura, y mis hermanos, cada vez más por culeros. Jenni, no para ella sigue igual que siempre, sin saber de quien está enamorada, y ligoteando finde si, y finde también con cualquiera. Y yo, sin comerme una rosca, pero feliz, y fantaseando en que algún día llegará mi príncipe azul, cosa que en el fondo, estoy segura de que no pasará nunca.
Un año, ha pasado un año desde que supe que no lo iba a volver a ver. Desde que Jose me dijo que se había ido de la ciudad, y yo, sigo con mi cosita de no haber hablado más con él, no por nada, pero quizás, podríamos haber sido amigos.
Siete de la tarde, en el polideportivo, con Jenni y Belén. Viendo como juega al fútbol el nuevo ligue de Jenni. A Belén y a mí, nos da sed, pero Jenni, prefiere quedarse viendo a su amor. Mi amiga y yo nos levantamos y vamos a la fuente de agua. Como siempre, mi despiste no me deja ver el grupo de hombres que tengo a unos cincuenta metros delante de mí sentados en un banco, y me inclino hacia ellos para beber agua de la fuente. De pronto, escucho un silbido que me sonroja, abro los ojos, y los veo a todos distraídos, excepto a un chico, que me sonríe, lleva camiseta marrón, es moreno, y va peinado a lo ''goku''. Creo que es por el escote, que al inclinarme se me ha visto algo ( ya tengo las tetas algo más grandes que el año pasado, no mucho, pero si), me da vergüenza, y me doy la vuelta rápidamente. Pero mi amiga, me avisa que se está acercando.....
Y pasan los días, y las semanas, y los meses. Y ese recuerdo, de aquel vigilante vestido con bañador rojo se va esfumando de mi, aunque siempre queda una espinita, pero creo que consigo sacarlo.
Y el tiempo sigue, mi vida sigue. Alba, por fin consigue que Diana deje ver a los niños a su familia, aunque esta no vuelva con su hermano, pero consiguen tener casi la misma relación de antes, incluso se siguen llamando cuñadas. Mi familia, igual, yo, loca por mi hermana Laura, y mis hermanos, cada vez más por culeros. Jenni, no para ella sigue igual que siempre, sin saber de quien está enamorada, y ligoteando finde si, y finde también con cualquiera. Y yo, sin comerme una rosca, pero feliz, y fantaseando en que algún día llegará mi príncipe azul, cosa que en el fondo, estoy segura de que no pasará nunca.
Un año, ha pasado un año desde que supe que no lo iba a volver a ver. Desde que Jose me dijo que se había ido de la ciudad, y yo, sigo con mi cosita de no haber hablado más con él, no por nada, pero quizás, podríamos haber sido amigos.
Siete de la tarde, en el polideportivo, con Jenni y Belén. Viendo como juega al fútbol el nuevo ligue de Jenni. A Belén y a mí, nos da sed, pero Jenni, prefiere quedarse viendo a su amor. Mi amiga y yo nos levantamos y vamos a la fuente de agua. Como siempre, mi despiste no me deja ver el grupo de hombres que tengo a unos cincuenta metros delante de mí sentados en un banco, y me inclino hacia ellos para beber agua de la fuente. De pronto, escucho un silbido que me sonroja, abro los ojos, y los veo a todos distraídos, excepto a un chico, que me sonríe, lleva camiseta marrón, es moreno, y va peinado a lo ''goku''. Creo que es por el escote, que al inclinarme se me ha visto algo ( ya tengo las tetas algo más grandes que el año pasado, no mucho, pero si), me da vergüenza, y me doy la vuelta rápidamente. Pero mi amiga, me avisa que se está acercando.....
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