miércoles, 23 de mayo de 2012

Capítulo 19. El final de siempre.

''Bien, aburrido, sabes? No sé porqué pero estos 4 días que llevo sin verte se me están haciendo eternos.. Hoy estoy de tardes..bajas?''

¡¿Qué?! ¿Era un sueño? No, ya que mi madre estaba gritándole a mis hermanos, como siempre. Algo más, algo más que aquel mariposeo, que aquel vértigo que acaba de sentir, era un nudo en el estómago, una sensación inexplicable, una sensación que pocas veces volví a sentir tan fuerte. Locura. Sí, eso, me estaba volviendo loca, no podía ser. ¿Cómo él... de mi? Imposible, si era el hombre perfecto, y yo... la chica de instituto del montón, tirando a fea, o así me sentía yo. Quizás se había equivocado de chica, quizá era a otra Clara, sí, era eso seguro. Y esa sensación de embriagadez de locura y felicidad, se apagó en un instante. ''Alejandro, creo que te confundes de persona''. Enviado. Sí, y mientras contestaba, iba analizando la situación. Qué puta casualidad, que haya otra Clara, y que sean justo cuatro días los que lleva sin verla. ''Clara. Sólo conozco a una persona con un nombre tan precioso''. ¡No! Otra vez ese arrebato. No sabía qué contestar, y, para mi arrepentimiento, mi respuesta fue absurda ''Tu también tienes un nombre muy bonito'' ¡Seré gilipollas! ¡Bah, qué mas da! Y me puse a dar saltos en la cama, como una loca, escuchando música a todo volumen. No me lo podía creer, no me lo podía creer. Llamé a Belén, para pedirle consejo, no sabía si debía contárselo así, con este estado de felicidad a Jenni. Mientras hablaba con Belén, me iba mensajeando con Alejandro. Nada importante, me contaba que estaba limpiando su casa, que vivía solo, que estaba harto de esa playa, que no iba nadie, y la poquita gente que iba, eran gamberros para liarla, y, en vez de de socorrista, tenía que ejercer de guardia de seguridad. Yo no paraba de reír, parecía tonta. Y yo le conté más de lo mismo, que estaba harta también de los libros que los quería dejar ya, y el me aconsejaba que siguiera estudiando. Mi amiga, me dijo que lo mejor sería que llamase a Jenni, ya que tarde o temprano se enteraría, y sería peor que se enterase tarde, pero que se lo dijese con calma, y sin chillar, como lo estaba haciendo con ella. Y lo hice.

- ¿Si?
- ¡Hola Jenni! ¿Que haces?
-¡ Hola! Pues aquí, tomando el sol un poquito.
- Que envidia me das zorra.
- Te hubieras venido - me dice riendo -.
- Claro, y que mi madre me iba a dejar.
- Te escapas. ¿Y tú?
- ¿Y yo qué? - me puse tontamente nerviosa -.
- Clara, que qué haces hija, que pareces tonta.
- Pues nada, aquí...
- Venga suéltalo.
- ¿El qué?
- ¡Clara! Te conozco, ¿recuerdas? - ríe - venga cuenta.
- ¿Te acuerdas que hace un rato te he llamado porque Alejandro me había dado un toque?
- Si - me dice algo seria -.
- Nos hemos mensajeado.
- ¡Que bien!
- Vamos Jenni, no te enfades, a empezado él.
- ¿Que te ha dicho?
- Nada, tonterías.
- Cuéntamelo ya.
- Que se le han hecho eternos estos cuatro días que lleva sin verme.
- ¿Qué más?
- Nada más.
- Clara...
- Está bien, y que tengo el nombre precioso. ¡Ah, si! Y que si bajaba esta tarde a verlo.
- No irás ¿verdad?
- No sé.
- ¡Joder Clara! ¡Hicimos un pacto!
- Y lo estás incumpliendo, no te deberías enfadar.
- No me enfado, pero si bajas, estaríamos en desigualdad de condiciones.
- ¿Y? El primer paso ya lo ha dado conmigo. Se supone que ahora tu te debes de retirar, y alegrarte.
- No vas a bajar. Y te voy a decir el porqué. Es muy raro que no se haya fijado en mí. A ido a por ti, y ¿sabes por qué? Porque nada bueno se trae entre manos, te puede hacer algo.
- ¿Perdona? ¿Es raro que se haya fijado en mi? ¿Y tu te haces llamar amiga? Eso es lo único que te importa, y te la suda que me paso algo, no quieres que nos veamos a solas, y no tengo porqué hacerte caso.
- Jenni, si te atreves a bajar, a mi no me diriges la palabra en tu vida, ¿me oyes? - dice justo antes de colgarme, sin darme tiempo a contestarle -.

En ese momento, me llegó otro mensaje de él ''Quiero verte, necesito ver tu sonrisa'' . Qué injusta que estaba siendo mi amiga. No, no era amiga, o si. No sé. Solo sé, que la quiero mucho, pero que también tengo ganas de ir, o no, tampoco lo sé. Pienso. Si ella no me hubiese dicho todo esto ¿hubiese bajado? Tal vez sí, y tal vez no. Pero, no puedo arriesgar mi amistad, por un chico, por un hombre. Y con ese pensamiento, apago la mini-cadena, y me hundo en mi almohada hecha un mar de lágrimas. Siempre acabo perdiendo, siempre.

lunes, 21 de mayo de 2012

Capítulo 18. SMS (Segunda parte).

Miro a mi hermana, y veo, como deja de jugar con la arena de golpe, y fija la mirada en algo. En los hijos de Diana. Y corre hacia ellos para jugar. Me levanto en su busca. Y, tímida, intento hablar con Diana. Antes me llevaba genial con ella, pero desde la separación con mi primo, no había vuelto a hablarle. Solo sabía que tenía una relación cordial con mi prima Alba y su familia.

- ¡Hola! - le digo -.
- Haz me el favor de quitar a ese niña del lado de mis hijos - me contesta secante -.
- ¿Perdona? Pero si se adoran.
- No quiero que nada de lo que rodea al padre de los niños se acerquen a ellos.
- Es injusto Diana, ellos no debería de pagarlo, se quieren mucho.
- ¿Os conocéis? - Se acerca Alejandro -.
- No - contesta Diana -.
- Os presentare ...
- No hace falta - le corta ella echándole una mirada desafiante -.

Coge a sus hijos y se va, dejando a mi hermana extrañada, con cara de confusión, le digo que no pasa nada, y que se vaya a jugar con Jenni, que, en ese momento se acerca para comunicarnos algo.

- En dos días viajo.
- ¿Si? ¿A donde? - pregunto -.
- Pues no sé, creo que a Marbella.
- ¡Vaya! - exclama Alejandro - qué suerte, y pensar que yo este verano no voy a tener vacaciones.
- Tendremos que estar en contacto ¿no? - le dice Jenni a Alejandro, dejandome boquiabierta -.

Y le pide el número de teléfono, él, me dice que lo apunte yo también. Y nosotras les damos el nuestro. Aquello me parece increíble. En una mañana he conseguido su número, y lo peor, su edad. Es demasiado mayor, y yo, también me he echo serlo. Nos despedimos de él, y nos dice que nos llamará. Me voy a casa con aquella ilusión.

Jenni, se va a Marbella. Pasan cuatro días, y parece que aquella semana santa se me hiciera eterna. Nada. Ni un miserable toque. Me desesperaba mirando el móvil, y por supuesto, yo no iba a ir a Playa azul, pero, mientras miraba la pantalla de aquel aparato, que estaba en silencio, una breve vibración me alarmó.

''Vigilante'' Apareció en la pantallita. ¡Por fín! Un toque de él. Se lo contesté, y llamé corriendo a Jenni para decírselo. A ella no le había dado nada, e incluso parecía molesta ''ya me lo dará'' me dijo. Mientras hablaba con ella se escuchó un ''bip'' que supuse que sería un mensaje de una llamada perdida de él, al contestarme mientras yo hablaba con Jenni. Pero no, al colgarle era un sms de texto que decía ''Hola guapísima, q tal?'' ¿Como es posible que un simple mensaje al móvil me hiciera sentir aquello? Era un cúmulo de sentimientos increíbles. Ese mariposeo en la barriga del que tanto había oído hablar, del que pensaba que era una metáfora, por fin lo experimenté, y no, no era una metáfora, era muy real, como un vértigo. Una sonrisa tonta se dibujó en mi cara de oreja a oreja, me sentía absurda, pero no podía parar. Le contesté un simple ''ey! muy bien y tu?''. Y los 50 segundos que tardó en contestarme, se hicieron horas, no paraba de mirar el móvil. Me volvió a contestar, y, al ver ese mensaje, el politono que tenia para los sms, esa que me parecía tan fea y ridícula, de repente, se convirtió, en la más dulce de las melodías.

sábado, 19 de mayo de 2012

Capítulo 18. Edades confusas. (Primera parte)

Se pasan unos tres o cuatro días que me quedo encerrada en mi casa para recuperarme de tal shock. En esos dias poco pienso en Alejandro, ya que el bloqueo que me produce mi mente ante la situación que viví con aquel cerdo, me impide pensarle.

Es sábado, por la mañana. Y he quedado con Jenni. Ella me ha estado ayudando bastante estos días. Nos dirigimos a la casa donde vive mi hermana, Laura, una mini-yo de tan solo cuatro añitos. La adoro. Al recogerla, no sabemos donde ir, ¿donde acabamos si no? Si, en Playa Azul. Por el camino, Jenni y yo vamos fantaseando con que Alejandro, algún día, se llegue a pillar por alguna de nosotras. Sabemos que eso es imposible.

- No tanto si le soltamos alguna trola -me dice -.
- Sorpréndeme - le contesto -.
- Fácil, tu tienes quince años, y yo catorce, pues nos echamos más edad - dice sonriéndome -.
- Bueno vale, pero solo un añito, yo dieciséis, y tu quince, aunque no creo que nos pregunte.

No me gustan nada las mentiras, pero aquella, era piadosa. Cuando llegamos, mi hermana y Jenni se zambullen en el agua como locas,  yo me quedo tomando el sol. Y de repente, su voz, hablando con alguien, me provoca unos sentimientos tan extraños, algo que nunca he sentido con nadie, y estoy segura de que jamás volveré a sentir, es como estar al borde de un volcán en erupción, y la adrenalina te grite saltar. Lo veo, está un poco más retirado hablando con... ¿Diana? ¡Oh, Dios! Odio esas sonrisas que se echan, pero es imposible que alguien como él se fije en Diana. Y el echo de pensar que sí, que si que es posible, que pueda que el no sea como el resto, me hace sentirme mejor. Me ve, y me saluda con la mano, no tarda en despedirse de ella y acercarse a mí. Se sienta a mi lado.

- ¿Cómo estás?
- Estupenda, ¿no me ves? - digo con aire de superioridad en broma -.
- ¡Claro! Ya me fijé en eso el primer día que te vi.
- ¡Tonto! - me sonrojo -.
- ¿Quien es la renacuaja con la juega Jenni?
- Laura, mi hermana.

Jenni, se había dado cuenta cuando Alejandro se estaba acercando a mí, y me llenó de orgullo y satisfacción por ella, que en lugar de levantarse, me guiñase un ojo, y me hiciese ver que me dejaría a solas con él.

- ¿Cuánto llevas trabajando aquí? - le pregunté -.
- Casi dos años, empecé en Agosto cuando...
- No - le corté - me refiero, a ahora. Jose me dijo hace algo más de un año, que te habías ido para siempre.
- Si, pero al mes volví.

No puede ser, soy idiota, he perdido un año de saber de él. En ese momento me siento estúpida, incluso lo llegué a echar de menos, era tan fácil como bajar a esta playa, él estaba a solo media hora de mi casa. Llega Jenni con mi hermana, la pequeña, se pone a jugar con la arena, a hacer castillos, y Alejandro no duda en jugar con ella, eso me enternece. Me gusta, y mientras, se habla de fútbol. Hasta que llega el momento.

- Por cierto - nos dice - ¿qué edad teníais?
- Clara diecisiete, y yo dieciséis.

No me lo podía creer, ¿por qué Jenni nos echó dos años más? La iba a matar. Él nos dijo que tenía veintitrés. En ese momento noté como su mirada hacia a mi cambió, se volvió serio, vi en su nuez que tragó saliva con fuerza y me miró de arriba a abajo. ¿Qué querría decir aquella reacción de él?

lunes, 30 de abril de 2012

Capítulo 17. Su nombre.

- Acabo de llamar a la policía, no tardarán en venir - me dijo él, saliendo de una de las puertas que tenía la caseta, con una taza humeante en la mano -.
- ¿Cómo sabías que yo estaba ahí, y que me estaban haciendo...
- Bebe esto - me interrumpió - es tila. Te oí llamando a Jose.
- Gracias.

No dije nada más, estaba demasiado afectada como para tener una conversación normal, sabía que aquello me marcaría de por vida. No le desearía vivir aquella experiencia a nadie. En el fondo, después de tener tanto miedo en el cuerpo, me sentía afortunada de que él hubiese venido a rescatarme. Cada día, en los telediarios, se ve, como violan a mujeres y a niñas. Sí, definitivamente, yo había tenido suerte. Eso me hacía, sentirme mejor dentro de lo que cabe.

- Creía que te habías ido.

Antes de que le diese tiempo a responder, llamaron a la puerta. Era la policía. Se nos presentaron, me hicieron asomarme por la ventana para confirmar que el hombre que estaba detenido era el agresor. Así era, esa cara no se me olvidaría en la vida. Él, le explicó, que su trabajo también le obliga ha saber técnicas de defensa, ya que, en algunos turnos, hace más de vigilante del terreno porque no suele ir a bañarse gente por la noche a esa playa, que está bastante escondida. Y que, el golpe que le dio, fue solo para dejarle inconsciente, que no le hizo daño. Y yo, después de explicarles qué hacía allí, y como él se acercó... No tuve la fuerza suficiente como para seguir, como para describirle como me arrancó el vestido, como me besaba... Y rompí a llorar, pidiendo por favor que me dejasen callar.

- Señor agente - dijo él - mire como está, creo que será mejor que se reunan mañana, cuando ella esté más calmada.
- Lo siento - contestó - el protocolo nos obliga a hacerlo en el mismo instante.
- Ya le he contado como los encontré, no fue más allá, creo que no hay mucho más.

El policía se quedó mirando pensativo a su compañero, y, después de pedirme los datos de mis padres para informarlos, se fueron.

Él me trajo otra tila, y yo, conseguí tranquilizarme.

- Gracias de nuevo.
- Clara, no me las des, es mi trabajo y aparte... No sé explicarte.
- ¿Te acuerdas de mi nombre? - dije con una sonrisa débil - Yo no sé el tuyo.
- ¿Cómo que no? Me llamo Alejandro - dijo sonriéndome aún más.

Y aquél nombre, que de toda la vida, me había parecido el más aburrido del mundo, de repente, se convirtió en mi cabeza el más bonito de todo, él más dulce, el más elegante. Por fin había pasado de ser ''el'', a llamarse Alejandro. Cuando me lo dijo, sonriendo, me miró, me miró como nunca. Pero mi mente se bloqueó, pensando en lo que acababa de vivir con aquel desgraciado. Y mi semblante se volvió serio.

Mis madre no tardó ni 5 minutos en llegar a por mí, y mi padre no mucho más en llamarme para preguntarme. Los dos, ella en persona, y él por teléfono, le dieron las gracias a Alejandro por haberme evitado lo que se sabía que iba a suceder. Me fui. En el coche, no me podía quitar aquella imagen, de ese sucio hombre, mirándome ansioso, las lágrimas bañaban mi cara. Al llegar a casa, y meterme en la cama, me vino a la cabeza otra vez, Alejandro. Y me sobresalté. ¡No me ha dicho que hacía ahí! ¿Estaría sustituyendo a alguien? ¿Lo volvería a ver?

Capítulo 16. Miedo.

Me despierto a la mañana siguiente, con las palabras de Jenni en mi mente. Y, aunque me cueste reconocerlo, con sentimiento de culpa, quizás hubiese sido mejor hablarlo, sí, pero esta vez más seriamente, de verdad, que viese en mis ojos el dolor. Decido llamarla por teléfono, ya que no me atrevo mirarla a la cara. Lo que me empuja a hacerlo son los recuerdos que tengo con ella desde pequeña, las sonrisas, sus buenos consejos, y que, ni un chico, ni dos, ni tres, ni todos los del mundo, pueden hacer que dos amigas se distancien, y muchísimo menos, lo que yo le hice. Me siento avergonzada, y mucho. Marco su móvil.


- ¿Si? - me responde -.
- Jenni, soy Clara.
- Lo sé, dime.
- No sé como decirte esto. No me interrumpas ¿vale?
- De acuerdo - hablaba en un tono secante, no enfadado, pero serio -.
- Lo de ayer... No sé por qué coño te lo hice, estaba cegada por la rabia, de que siempre tú... Bueno ya sabes, ya hemos hablado de esto. Y quería decirte que, me arrepiento muchísimo, he estado pensando, y mi madre lleva razón, tal vez, con hablarlo, me hubiese quedado tranquila, y que... perdón.
- Clara, tu sabes como soy con los chicos de... No tengo descripción, y si es verdad que siempre te los he quitado a todos, pero también es verdad que no puedo perdonarte, porque no tienes porqué pedirme perdón. Sé que me lo busqué yo sola.
- Gracias de verdad, te quiero mucho.
- Y yo, por cierto ¿Se lo has contado a tu madre?¿Lo del vigilante?
- Si - digo riendo - pero disfrazando la verdad, le he dicho que lo conocimos en un parque y que tendrá unos dieciséis años.
- ¡No jodas! 


Y así nos pasamos la tarde, riendo, como si nada hubiese pasado. Pero en el fondo, un eco de dolor invadía mi ser. Algo que me imploraba culpabilidad por haberle contestado así a él. Al sin nombre. Al motivo por el que le partí el brazo a Jenni. 


Mucho más tarde, cuando la luna empezaba a salir, dejando atrás el sol, me dio un deseo repentino de salir, de playa. De Playa Azul. No sé que ponerme, hace calor, es plena primavera. Me pongo mi bikini blanco, y el vestido playero, sí, el del sueño, y sonrío con aquel pensamiento. Fue tan real... Voy distraída la media hora de camino escuchando música de mi mp3. Llego. Hace demasiado oleaje, la marea está alta. Me siento en la arena, bastante retirada de la caseta de los vigilantes, por si acaso está Jose, no quiero que me moleste nadie. Abro mi libro, y empiezo a leer '' A tres metros sobre el cielo '' de Moccia. 


Se acerca alguien, y se sienta a mi lado, le miro, no le conozco. Me incomoda el echo de que un desconocido me esté mirando así. Decido levantarme e irme, la situación no me está gustando nada, siento miedo.

- Has elegido un buen sitio para leer, aquí detrás de las rocas, escondida - me dice el desconocido levantándose y caminando detrás de mí.
- Si, pero se ha echo de noche, la luz de la luna, por muy bonita que sea, no permite seguir - digo sin darme la vuelta, y andando aún más deprisa.
- Para - me dice cogiéndome por detrás - eres preciosa - dice mirándome a la cara.
- Suéltame.
- ¡Uy! La gatita saca su genio.


En ese momento, intenté escapar de sus brazos y salir corriendo. Lo hice, pero me alcanzó. ¡Jose! ¡Ayuda! Grité antes de que me tapase la boca. Mientras me cogía con fuerza la boca, me arrancó el vestido rompiéndolo, y lo usó de mordaza. En ese momento comprendí que esto ya no era broma, como lo fue en su día con Jose, y, ese vestido blanco, que tan buenos recuerdos me traía, se convirtió en mi pesadilla, en mi enemigo, en el objeto que hacía que yo no pudiese salvarme. Me apoyó contra el tronco de una palmera. Empezó a besuquear me, mientras, el miedo que sentía, el terror, solo me dejaba hacer una cosa: llorar.


Estaba con los ojos cerrados, no quería ver lo que ese desgraciado iba a hacer de mí. En ese momento escuché un golpe fuerte. Y lo vi a él, a mi héroe, al vigilante que tanto me gustaba, con algo en la mano, con un palo ancho de madera en sus manos, y miando al suelo, donde estaba tirado el hijo de puta que iba a hacerme eso. Se acercó rápidamente a mi, me quitó el vestido de la boca, y lo usó como sábana para cubrir mi cuerpo semi desnudo. En ese momento, me derrumbé aún más, no paraba de llorar mientras él, me ayudaba a caminar, nos dirigíamos a la caseta. No sé exactamente por lo que lloraba, fue un cúmulo de cosas. El miedo que había pasado hace unos minutos, la impotencia de no poder avisar a nadie, el asco que me daba, la alegría que sentí al ver al socorrista, una alegría mezclada, más por el echo de salvarme que por haberlo visto, y luego, porque sí, porque no entendía, qué hacía él aquí, se suponía que se había ido.



Capítulo 15. Las no disculpas.

- Clara, mírame a la cara - me dice mi madre mirándome fijamente -.
- ¿Qué? - le digo girándome hacia ella -.
- ¿Qué es eso tan grave que me tiene que contar el director?
- Espera a que venga y te lo cuente él - digo con aires de superioridad -.
- Joder Clara, me he tenido que salir corriendo del trabajo, ¿qué coño ha pasado? No creo que sea porque has suspendido algún examen.
- Ya sabes que siempre me quedan todas.
- Por eso, a ver si es que se han equivocado.
- ¿Señora Requejo? - dice el director al entrar extendiéndole la mano a mi madre -.
- Sí.
- ¿Le ha contado ya su hija por qué la hemos llamado?
- No, sinceramente, creo que se han equivocado.
- ¡Oh no! Creame, no es ninguna confusión. Su hija, a primera hora, justo antes de entrar a clase, se ha peleado con...
- Le he pegado - interrumpo - ella no me ha tocado ni un pelo.
- Bueno sí, le ha pegado a Jennifer, y se la ha llevado la ambulancia, por un fuerte dolor en el brazo.
- ¡Dios mio! ¡Clara! ¿Qué ha pasado?
- Te lo acaba de contar el director mamá, no seas pesada.
- Como ve, está en un estado de chulería impertinente. Hemos visto adecuado expulsarla una semana del centro.
- Pero...
- Señora, no hay más que hablar, está decidido. Si bien es cierto que su hija no es una brillante alumna pero, nunca nos ha dado problemas, nos hemos quedado sorprendidos.

En el camino a casa, mi madre me va advirtiendo de que en casa, me sucederá algo horrible. Va casi llorando, diciéndome no se qué, pero no le presto atención, no sale de mi cabeza, la imagen de la cara de Jenni cuando le partía el brazo. Llegamos a casa, cierra la puerta de la calle, y se pone enfurecida, a gritarme como una loca, diciéndome que en qué coño pensaba, que yo no soy así, y yo, sin ni si quiera mirarla, me meto en mi habitación. Lloro. Pero no por Jenni, si no por haberle echo pasar a mi madre tal decepción, ella no se lo merece, pero espero que cuando, las cosas estén más calmadas, pueda hablar con ella y explicárselo todo. Me llama cuando la comida está lista, pero yo no bajo, me paso la tarde tumbada en la cama, mirando al techo, pensando. No me arrepiento, y eso en parte me asusta. De repente mi madre llama a mi puerta '' Clara, sal por favor, han venido Jennifer y su madre, vamos ha hablar''. En un principio decido no salir, pero no es el momento de ser cobardes, y decido afrontar mi problema, mis consecuencias.

Desde el pasillo puedo ver que la puerta de la cocina está abierta. Allí están, mi madre y la suya de pié, la mía avergonzada disculpándose, y Jenni, sentada en uno de los taburetes, con el brazo escayolado.

- Clara, hija, menos más que has bajado, la madre de Jennifer quiere hablar contigo.
- ¿En qué estabas pensando? ¿Por qué le has hecho esto a mi hija? ¿No se supone que sois amigas?
- Maria José - digo - lo siento por usted.
- Exigo unas disculpas.
- A usted, por hacerla pasar mal rato, pero a su hija, jamás.
- ¡Clara! - me grita mi madre - Pídele per...
- No - se pronuncia Jenni - no quiero que me pida perdón, ha sido justo, me lo he buscado yo sola.

La madre de Jenni se queda petrificada, no dice nada, la coge del brazo bueno y salen por la puerta sin decir nada. Yo me quedo a solas con mi madre, y se lo cuento todo, le cuento que fue la gota que colmó el vaso, ella intenta comprenderme, aunque me dice que mejor hubiera sido hablarlo con ella. Pero ya llevaba 5 años intentando hablar, ya no podía más.

Capítulo 14. Ira.

A la mañana siguiente, mientras me preparaba para ir al instituto, empecé a pensar en Jenni, en el pacto, en como me miraba de vez en cuando aquella vez en la caseta cuando ella hablaba con él, en como me sonreía. En sus palabras de ayer por la tarde, eran dañinas hacia mí, vale sí, yo me había pasado un poco al no avisarla de que él estaba allí, pero, ¿ella lo hubiese hecho? Claro que no, no me hubiera dicho nada. Y mi mente empieza a volar años atrás, cuando yo llevaba piyadísima por el chico de 6º de primaria 3 cursos por lo menos, y ella que iba de buena amiga, hasta que, en el recreo, buscándola, me los encontré en un rincón del patio, dándose un beso, ella me vio y sonrió. Sí, es mala, a más no poder. Y yo, la primera vez que la vi así, y la perdoné, aunque aquello me matase, me doliese aquella traición mas que mil cuchillos apuñalándome por la espalda. Y luego llegó la segunda vez que lo hizo, y yo, no podía creer que ella fuese así. Y la tercera, y la cuarta, hasta que un día te acostumbras, y tu cuerpo, mente, y corazón se crea un escudo, un arma de doble filo contra ella, que hace que no te ''enamores'' de nadie más, que no te guste ningún otro chico, para no darle el gusto a ella de sentirse superior a mí. Me quedan pocos meses para cumplir los dieciséis, y solo he tenido un beso de amor, que tampoco fue amor, fue algo de lo que ella me convenció, y ahora me arrepiento, por lo mismo, porque me pillé por ese niño bastante, y ella no tardó ni tres días en comerse la boca con él y echárselo de novio.

Salgo a la calle, y decido esta vez no llamarla para ir juntas al instituto. Por el camino, voy recordando mis pensamientos de antes, y un remolino de rabia me invade, pese a que las temperaturas son bajísimas, empiezo a sentir calor, noto como me arden los ojos, voy con el paso firme, y decido darle un escarmiento, algo que nunca he echo, algo para lo que no sirvo, pero que esta vez, no hay nadie que me eche para atrás, lo aré, y con ese último pensamiento, alzo la cabeza, y sonrío.

Entro. Me reciben las chicas como siempre, con dos besos. Belén, Lorena y Lucía, empiezan a contarme sus cosas, pero yo no estoy mentalmente con ellas, no las escucho, oigo sus voces lejanas, solo tengo en mi mente una cosa, a ella. El odio me sube cada vez mas y más a la cabeza, siento que voy a explotar si no lo hago ya. Jenni aún no ha llegado, supongo que estará esperándome. Idiota. Suena el primer timbre, nos vamos a la puerta de clase y ella todavía no aparece. La profesora llega, abre la puerta, y empiezan a entrar todos, yo quiero ser la última. Y por fin, escucho unas pisadas aceleradas a lo lejos, me doy la vuelta, y la veo, corriendo con la mochila colgada sobre un hombro y la carpeta en el brazo.

-¡Clara llego tarde por tu culpa! ¿Por qué coño no me has llamado? Te he estado esperando.

Me dice mientras se acerca, pero mi alma no puede más, y sale corriendo en su busca. Agarro su mochila con fuerza y la empujo hacia el suelo. Ella me mira con rabia y con confusión a la vez. Le quito bruscamente la carpeta y empiezo a golpearla, la cabeza, el pecho, las espaldas. La dejo que se levante, quiero que me conteste. Los chicos del instituto no han tardado en hacer corrillo a nuestro alrededor, y como de costumbre, en las peleas, consiguen hacer una barrera con ellos mismos para que los profesores tarden más en separarnos. Jenni se levanta, enfurecida, y cuando hace aban de levantarme la mano, se la cojo, y me vuelvo loca, le bajo el brazo y subo mi rodilla rápidamente y con fuerza. Ella grita y rabia de dolor, creo que le acabo de partir el brazo, se tira al suelo desconsolada. Yo no paro de oír voces de todo tipo, gente que me anima, profesores que gritan llamando a otros para que intenten separarnos, pero no sé que me pasa, y me abalanzo de nuevo contra ella tirándole del pelo. En ese momento, veo como Belén logra acercarse, y me mira, negando con la cabeza. Ella me hace reaccionar, sus ojos me dicen que la he fallado, que qué hago, y paro. En ese momento, dos profesores y la directora me cogen y me levantan. Jenni se queda en el suelo, llorando, gritando, odiándome con la mirada. La chica invisible del insti, acaba de terminar con las popular.